31/8/14

La playa de Vaadhoo y su “Mar de Estrellas”

Playa de Vaadhoo      Fitoplancton     Bioluminiscencia
En el mes de diciembre del año pasado, el fotógrafo taiwanés Will Ho retrató con su cámara el maravilloso espectáculo conocido como el “mar de estrellas” mientras disfrutaba de su luna de miel en la playa de Vaadhoo en las islas Maldivas. No sabía muy bien a qué era debido, pero desde la arena, que también brillaba, captó la belleza que tenía ante él: “Era como si brillaran pequeñas luciérnagas por encima de las olas”.

El responsable de tal espectáculo es la bioluminiscencia, fenómeno que consiste en la producción de luz de ciertos organismos vivos, en este caso el fitoplancton: seres vivos de origen vegetal que viven flotando en la columna de agua y cuya capacidad natatoria no logra superar la inercia de las mareas, las olas o las corrientes.

Para que la bioluminiscencia se produzca se necesitan al menos dos sustancias: la luciferina que genera propiamente la luz y la luciferasa que cataliza la reacción química. La combinación de estos dos compuestos en presencia de oxígeno produce la luz.

Will Ho nos aconseja deleitarnos con sus fotografías sin mirarlas detalladamente: “Tuve suerte de presenciar esta preciosa escena y poder tomar varias fotos como recuerdo, pero es triste ver la basura que hay en la playa cuando haces zoom en la fotografía”. Es lamentable que la singular combinación de cielo, agua, estrellas y luz se vea amancillada por gente carente de urbanidad.

26/8/14

Fujian Tulou en China: reliquias arquitectónicas singulares

I      II     III
Fujian Tulou es un conjunto arquitectónico formado por 46 casas de tierra ubicado en las tierras del interior del estrecho de Taiwán, al sudoeste de la provincia de Fujian (China). Fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2008 al considerarlos: "ejemplos excepcionales de una tradición constructiva y funcional. Un tipo particular de residencia comunal y organización defensiva en armonía con su entorno. Un ejemplo excepcional de asentamiento humano".

El origen de los tulous se remonta al siglo XII, cuando la zona fue habitada por diferentes pueblos, entre ellos los Hakka, que llegaron del centro y norte del país huyendo de guerras y hambrunas.

La etnia Hakka construyó singulares construcciones de tierra redondas en medio de arrozales y plantaciones de tabaco y té. Servían de vivienda a la totalidad de los miembros de un mismo ancestro y constituían pueblos enteros, que solían llamarse “pequeños reinos familiares” o “pequeñas ciudades prósperas”. Su única puerta de entrada daba a un río y las murallas que los rodeaban eran su defensa. En caso de ataque, la puerta se cerraba y las provisiones y pozos de agua que la edificación albergaba en su interior aseguraba a sus habitantes una resistencia de semanas e incluso meses.

Su sencillez exterior contrasta con su profusión interior. Cada tulou consta de varias plantas y podían albergar hasta 800 personas de 80 familias.

En la planta baja se encuentran las cocinas, los comedores y salas comunes, establos para los animales y el templo del clan; en la primera planta, los almacenes; y en las últimas los dormitorios.

Las edificaciones se repartían verticalmente entre varias familias, que disponían cada una de dos o tres habitaciones por planta. El interior de cada tulou, a diferencia de su austera fachada, estaba diseñado para hacer confortable la vida de sus habitantes y con frecuencia poseía ricas ornamentaciones.

Es interesante su sistema de convivencia comunitario. Eran viviendas para una comunidad de iguales, por lo tanto, su arquitectura no refleja ningún tipo de jerarquía social. Todas las habitaciones fueron construidas de un mismo tamaño y con la misma calidad de materiales, la decoración exterior posee el mismo estilo de ventanas y puertas. Todos sus habitantes comparten espacios comunes y se sienten parte de una comunidad.

Los tulous eran ocupados por un clan familiar durante varias generaciones. Compartir el mismo techo, simbolizaba la unidad y el amparo por parte de todo el clan.

Los escasos ancianos Hakkas que todavía las habitan lamentan que las nuevas generaciones no sean sensibles al encanto de estas antiguas casas prefiriendo la ciudad y el confort de lo que ellos denominan “casas occidentales”. Su mundo se desvanece; sin embargo, permanecerán como una reliquia que esos mismos jóvenes podrán visitar rememorando sus orígenes sin tener que anclarse en el pasado.

19/8/14

El último regalo de Miguel Hernández a su hijo: “Un hogar en el árbol”

Miguel Hernández    Manuscrito    Manuel Miguel
José Carlos Rovira, Catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Alicante, en el capítulo Últimas ausencias de Miguel Hernández del libro “Miguel: La sombra vencida”, nos relata la historia de los cuatro cuentos que Miguel Hernández escribió para su hijo Manuel Miguel.

Estos sencillos cuentos los escribió probablemente entre junio y octubre de 1941, en la cárcel de Alicante, un año antes de fallecer. Las justificadas inquietudes de Miguel Hernández eran el reencuentro con su mujer y poder ver a su hijo Manuel Miguel que había cumplido dos años y medio, y desde que tenía un año no había podido abrazarlo.

Se trataba de seis pequeñas hojas de 12 por 19 centímetros, con doce caras escritas con dibujos, cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre y que tenían los bordes envejecidos e irregulares. José Carlos Rovira dedujo que, por el tamaño y las características, eran hojitas de papel higiénico con las que formó un pequeño cuaderno que tiene al final varias hojas en blanco.

José Carlos Rovira editó en facsímil aquellos cuentos en el año 1988. La modificación en la caligrafía era debida a que el poeta estaba lo suficientemente enfermo como para no poder hacerlo solo. Le ayudó un compañero que estaba con él en la enfermería llamado Eusebio Oca Pérez, maestro nacional y buen dibujante que preparaba otro relato para su hijo, Julio Oca, que era un mes menor que Manuel Miguel, el hijo de Miguel Hernández.

Eusebio Oca Pérez dibujó y escribió el libro "Petete Pintor", para su hijo y también el que Miguel Hernández quería hacer llegar al suyo. Recibió como regalo aquel humilde conjunto de hojas que contenían los cuatro cuentos: “El potro obscuro”, “El conejillo”, “Un hogar en el árbol” y “La gatita Mancha” para que fueran entregados al pequeño y pudiera leerlos cuando supiera.

Miguel Hernández fue una víctima inocente de la tragedia y despropósito de la guerra. En cualquier guerra no hay vencedores ni vencidos, sólo perdedores ¿Quién puede dudar de la verdad que encierra su poema?

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.

Os transcribo uno de sus lindos cuentos:

"Un Hogar en el árbol"

Un día Nita vio un nido en el árbol, que había junto a su ventana.

–Toñito! —dijo a su hermano—. Se ve un nido en el árbol. Y dentro hay huevos. Uno, dos, tres, cuatro huevos!

En esto, vino un pájaro loco al árbol, se fue derecho al nido y se sentó sobre los huevos.

–¡Mira! ¡Mira! —dijo Toñito—. Hay un pájaro. Es el pájaro madre.
–¡Sí! —dijo Nita—. Yo veo al pájaro padre también ¡Qué feliz es!

Una mañana Toñito dijo:
–“¡Ven conmigo Nita! Mira el nido ahora”.
Nita miró el nido. Adivina qué vio dentro.
–¡Ooooooh! —dijo la niña—. ¡Uno, dos, tres, cuatro pájaros pequeñitos! ¡Qué graciosos pájaros tan pequeñitos!

Pronto los pajaritos se hicieron grandes. Y querían volar.
–¡Mira! —dijo uno de ellos a los otros— Yo puedo volar. ¿Queréis verme volar?
–¡Hop, hop, hop! Y el pajarito que quería volar cayó en tierra al intentarlo.

Vino el pájaro madre. Y también vino el pájaro padre.
Ellos no podían ayudar a su hijito, que se les había escapado del nido.
Pero Nita le cogió al pie del árbol.
–¡Ven aquí, Toñito! —dijo la niña—. Este pequeñito cayó del nido. Nosotros debemos ayudarle. Tomó Toñito el pequeño pájaro, subió con él delicadamente sobre el árbol y le puso dentro del nido.

Un día el pájaro padre dijo:
–¡Venid, venid, venid, hijitos míos, pajarillos de mi corazón! Ahora ya podéis volar. ¡Volad, volad conmigo!
El pájaro madre también dijo:
–¡Volad, niñitos míos y del aire! ¡Volad, volad conmigo!
Y los cuatro pajarillos echaron a volar. Y el pájaro padre iba delante. Y el pájaro madre iba detrás.

Nita y Toñito les despidieron gritando:

Hasta la vuelta, pequeñuelos
y que no os vayáis a perder
en las estrellas de los cielos.
Venid siempre al atardecer.

Os invito a visitar su Casa Museo en Orihuela.

11/8/14

Pati Makowska y sus mágicas fotografías de lugares olvidados

Pati Makowska    II   III   IV
Hace unos días, deambulando por Zaragoza, me sorprendió ver una preciosa fachada cuyas ventanas habían sido tapiadas, no quedaba ningún acceso al exterior y pensé lo difícil que habría sido para Pati Makowska hacer allí una de sus preciosas fotografías.

Esta joven fotógrafa polaca logra captar “la magia que poseen los lugares olvidados”: edificios, colegios, fábricas, palacios...de los que no conocemos su historia ni ubicación, pero que con sus fotografías nos permite dejar volar nuestra imaginación e inventar su pasado.

Pati Makowska ha recorrido casi toda Europa: España, Italia, Reino Unido, Islandia, Bielorrusia, Rusia para encontrarlos y poder fotografiarlos. Nos comenta lo arduo y agradable de su trabajo:

"La ubicación de estos lugares es un trabajo duro. He tenido que consultar mapas, libros históricos y guías antiguas para encontrar estos lugares. En más de una ocasión, han sido los propios vecinos de pueblos y ciudades quienes me han explicado cómo llegar al edificio que buscaba”.

"Nos olvidamos de que todo pasa; nuestra juventud es efímera, al igual que estos lugares que alguna vez fueron hermosos”.

Estos lugares cuentan historias olvidadas de amor y guerra que se vivieron en ellos”.

Cada fotografía es diferente, tiene una historia diferente y esconde un mensaje muy distinto”.

Con que una persona se emocione con mi trabajo, merece la pena todo el esfuerzo”.

Dar una dirección o localización de los mismos sólo conseguiría que perdiesen su encanto. Es mejor que permanezcan en el olvido”.

Se comenta que logra dar a sus fotografías un efecto de óleo, con el que busca homenajear la grandeza que antaño poseyeron estos edificios y el resultado lo demuestra.

Estoy segura, Pati, de que podrás realizar tu sueño de retratar la naturaleza con idéntica magia.

8/8/14

La maravillosa lección de un indigente neoyorkino.

Erin con Coby y Justin    Robert    Pulso   Premio   Erin y Robert
Es emotivo ver el vídeo que cierra esta entrada. Tiene como protagonistas a dos indigentes neoyorquinos a los que dos jóvenes, Coby y Justin, integrantes del colectivo “Model Pranskster” ofrecen la posibilidad de salir en un vídeo para poder ganar cien dólares.

La historia comienza con la búsqueda por las calles de Nueva York de alguien que se encuentre pidiendo. Encuentran a Erin que acepta participar y diez minutos después a Robert. Cuando ambos aceptan, les comunican que para poder conseguir los cien dólares sólo tienen que echar un pulso. El ganador se llevará el dinero y el perdedor se quedará sin nada aunque en realidad pensaban recompensar a quien resultara vencido con otros cincuenta dólares. Gana Erin y al recibir el dinero comparte con Robert la mitad. Se niega a aceptarlo y Erin le insiste diciéndole: “Alimenta al necesitado, no al avaro”.

Una ejemplar historia.

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